Hombre muy apreciado y admirado en su profesión, y también muy querido y respetado entre sus compañeros de Hospital Beata María Ana, con los que compartió el día a día de su actividad, a él se debió también el impuso de numerosas medidas que han redundado en la mejora constante de los servicios asistenciales del centro.
Todos los que tuvimos la oportunidad de trabajar con él podemos destacar de su personalidad su enorme vocación médica, anclada además en unos profundos valores espirituales y humanos que le llevaron a ayudar siempre a quienes lo necesitaban y a dedicarse en cuerpo y alma a su trabajo. De ello hablan las interminables jornadas de Aurelio en el Hospital, al que consideraba prácticamente su casa.
Desde el cariño y la más profunda admiración, los compañeros de Aurelio en el Hospital Beata María Ana acompañamos en el sentimiento a sus familiares y amigos.
Concédele, Señor, el descanso eterno y que sea iluminado por tu luz perpetua. Descanse en Paz.

