La conducción tiene algo que va mucho más allá del acto de moverse. Es rutina, independencia, volver a decidir. Por eso, cuando una persona sufre un Daño Cerebral Adquirido tras un ictus, un traumatismo craneoencefálico u otra lesión, la pregunta “¿podré volver a conducir?” pesa como una losa. No solo por el coche, sino por todo lo que representa. Volver a llevar a los niños, ir a la compra sin pedir favores, ir a rehabilitación sin depender de nadie. La vida, en su versión más cotidiana.
Hace cinco años, Hyundai Motor España y la Fundación Hospitalarias Madrid empezaron una colaboración con una idea tan simple como potente: poner tecnología de automoción al servicio de la rehabilitación. Hyundai cedió un simulador de conducción de rallyes, y el centro lo integró en su programa terapéutico como herramienta para entrenar capacidades clave, tanto cognitivas como funcionales y emocionales. No era un “juego” para distraer. Era una forma segura de trabajar atención, coordinación, planificación, memoria y tiempos de reacción sin exponer a nadie a los riesgos de la vía pública.
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